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El cambio climático: causas, efectos y remedios

¿Por qué el cambio climático nos preocupa tanto? ¿Qué es lo que lo ha causado y qué riesgos corremos? Las causas del efecto invernadero que determinan las actividades del hombre y los compromisos asumidos para invertir la tendencia.

  • La vida en la Tierra existe gracias a la combinación de tres factores: la distancia correcta del Sol, la presencia de la atmósfera del ciclo del agua. Hace unos 4 mil millones de años, la energía suministrada por el Sol puso en marcha el fenómeno que llamamos efecto invernadero: cargados de energía, los rayos solares atraviesan la atmósfera (una capa exterior de unos 300 kilómetros de gases mixtos), en parte son absorbidos por el suelo o el mar y en parte rebotan y son capturados por algunos gases (precisamente los gases de efecto invernadero: gas carbónico, metano y vapor ácueo) que retienen el calor del Sol. A falta del efecto invernadero natural, la temperatura media del planeta sería de -15 °centígrados, en lugar de +18 °C aproximadamente.

     

    Las causas del cambio climático

    Pero, si se trata de un fenómeno tan beneficioso, ¿por qué hoy estamos tan preocupados? ¿Qué quiere decir que el planeta está sobrecalentado? ¿Y qué se entiende por cambio climático?

    En la historia del planeta siempre ha habido cambios climáticos. Sin embargo, el calentamiento climático al que asistimos desde hace unos 150 años es anómalo por ser causado por el hombre y sus actividades. Efectivamente, se llama efecto invernadero antrópico y se une al efecto invernadero natural. Con la revolución industrial, de repente el hombre emitió en la atmósfera millones de toneladas de gas carbónico y otros gases de efecto invernadero y, como consecuencia, duplicó la cantidad de CO2 presente en la atmósfera respecto a las cantidades mínimas de los últimos 700 mil años (410-415 partes por millón respecto a 200-180 partes por millón). El fenómeno puede observarse también día a día gracias a los datos de los observatorios, como el de Mauna Loa, en el archipiélago de Hawái. Desde hace unos 15 años, los datos recogidos por miles de científicos de todo el mundo, analizados y sistematizados por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su sigla anglosajona), ponen de manifiesto que un 97% del calentamiento global se deriva del efecto invernadero antrópico, o sea determinado por las actividades del hombre. En realidad, las bases científicas de la relación entre los niveles de gas carbónico y la temperatura ya habían sido establecidas en el siglo pasado, gracias al trabajo del Premio Nobel Svante Arrhenius, que confirmó en los años 60 el científico estadounidense David Keeling.

     

    Las consecuencias del cambio climático

    Respecto a los niveles preindustriales, la temperatura media del Planeta ha aumentado en 0,98 °centígrados. La tendencia observada desde el año 2000 hasta la fecha hace pensar que, sin las debidas intervenciones, entre el 2030 y el 2050 la temperatura podría aumentar en +1,5 °C. El impacto del calentamiento global ya es evidente: el hielo marino ártico disminuyó de media un 12,85% por década, mientras que los registros de las mareas costeras muestran un aumento del nivel del mar de 3,3 milímetros por año desde 1870. La última década (2019-2019) ha sido la más calurosa nunca registrada y 2020 ha sido el segundo año más caluroso de la historia, ligeramente por debajo del límite máximo establecido en 2016. Las “temporadas de incendios” se han vuelto más largas e intensas, como en Australia en 2019, de 1990 a hoy cada año han aumentado los eventos meteorológicos extremos, como ciclones e inundaciones, que también ocurren en épocas del año atípicas con respecto al pasado y que son cada vez más arrolladores. Fenómenos como El Niño se han vuelto más irregulares y han determinado temibles sequías en zonas ya amenazadas por la aridez crónica, como el este de África, mientras que la Corriente del Golfo está ralentizando y podría cambiar de rumbo. Las especies vegetales y animales se desplazan de forma imprevisible de un ecosistema al otro acarreando daños incalculables a la biodiversidad de todo el mundo.

    Definir todo ello con el término cambio climático es correcto pero no lo explica de forma suficientemente clara. Tenemos que empezar a hablar de crisis climática porque el clima siempre ha cambiado, pero no tan rápido y con infraestructuras rígidas y complejas como las ciudades y el sistema productivo a los que los países más industrializados están acostumbrados.

    0,98°Aumento de la temperatura en 2019 en comparación con los niveles preindustriales

    1,5°Aumento de la temperatura antes de 2030 – 2050 sin ninguna intervención

    97%Porcentaje de calentamiento global que deriva del efecto invernadero antropogénico

    Las soluciones al cambio climático

    Las actividades humanas impactan cada vez más en el clima y la temperatura de la Tierra al quemar combustibles fósiles y talar las selvas pluviales. Eso añade enormes cantidades de gases de efecto invernadero a los que ya están naturalmente presentes en la atmósfera, aumentando el efecto invernadero y el calentamiento global. Lo que más daños determina es el consumo de carbón, petróleo y gas, que constituyen la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. De acuerdo con el informe Global Energy Perspective 2019 de McKinsey, las fuentes fósiles son responsables del 83% de las emisiones totales de CO2 y tan solo la producción de electricidad a través del carbón representa el 36% del total, aunque en el 2020, debido al confinamiento ocasionado por la Covid-19, las emisiones se han reducido drásticamente (fuente World Energy Outlook 2020). Se ha estimado que la tendencia actual de las emisiones de gas carbónico debidas a la combustión del carbón es responsable de una tercera parte del aumento de 1° centígrado de las temperaturas medias anuales por encima de los niveles preindustrial y que por consiguiente es la fuente de emisión principal de la historia humana. El petróleo es la segunda fuente de emisiones, con una producción de 12.540 millones de toneladas de CO2 en 2019 (el 86% del total del carbón de 14.550 millones de toneladas).

    También la tala de los bosques provoca daños considerables: los árboles ayudan a regular el clima al absorber el gas carbónico de la atmósfera, por lo que con su tala se pierde este efecto beneficioso y el carbono almacenado en los árboles se emite a la atmósfera, contribuyendo a aumentar el efecto invernadero.

    Finalmente, el aumento de la cría intensiva del ganado y el uso de fertilizantes nitrogenados contribuyen a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero.

     

    Los acuerdos internacionales

    ¿Qué es lo que hay que hacer para remediar la situación? En diciembre de 2015, a raíz de la Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático (UNFCC por su sigla anglosajona) se firmó el esperado Acuerdo de París sobre el cambio climático, que presenta un cuadro fiable para alcanzar la descarbonización, con objetivos a largo plazo para luchar contra el cambio climático y una estructura flexible basada en los aportes de los gobiernos. Los gobiernos firmantes se comprometieron en limitar el aumento de la temperatura por debajo de 2° centígrados respecto a los niveles preindustriales, esforzándose por no sobrepasar el límite de 1,5°, para alcanzar cuanto antes el pico de las emisiones y llegar a la neutralidad de carbono en la segunda mitad del siglo. A pesar del éxito de la COP21, son las cuestiones que el acuerdo dejó abiertas muchas. En 2018, la COP24 de Katowice aprobó las normas de aplicación del Acuerdo de París (el llamado “Paris Rulebook“, Libro de las Reglas de París), mientras que COP25, que se celebró en España en 2019, fue definida por el Secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, “una oportunidad perdida”.

    El camino hacia la descarbonización está claro y se llama transición energética: el cambio de un mix energético basado en los combustibles fósiles a uno de bajas o cero emisiones de carbono, centrado en las fuentes renovables. Las tecnologías para la descarbonización existen, son eficientes y hace falta utilizarlas en todas las actividades. Además, la ciencia ofrece datos ciertos, proyecciones de escenarios futuros estudiados atentamente. El cambio del clima no espera y no se detiene. Hace falta un cambio cultural fuerte, una auténtica modificación del paradigma para traducir en realidad una idea en que ya coinciden todosno.

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